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El volumen del comercio bilateral entre China y Latinoamérica ha pasado de unos US$10 mil millones anuales a comienzos del presente siglo, a más de US$240 mil millones el año recién pasado. Una cifra que no sólo trae aparejada consecuencias económicas sino que también educativas y culturales. Desde hace bastante tiempo que muchas instituciones latinoamericanas han desplegado un importante esfuerzo por difundir el idioma chino, como una manera de acercar las distintas culturas y de ampliar las oportunidades de negocios. En Santiago tenemos los casos del Colegio Yangtse, el Liceo Nº 1 Javiera Carrera y el Instituto Nacional, que junto a otros 13 colegios municipales de todo el país, vienen impartiendo clases del idioma chino desde el 2005, como parte de un convenio suscrito sobre la materia entre Chile y China. Emblemática y de larga data es también la labor de los Institutos Confucio, cuya sede oficial para América Latina (CRICAL) fue inaugurada en Chile en mayo de 2014.

Gracias al apoyo de la Oficina Nacional de Promoción Internacional de la Lengua China (Hanban), tales instituciones han logrado concentrar a nivel latinoamericano a un número creciente de interesados en aprender el idioma chino, contabilizándose a la fecha un total aproximado de 150 mil estudiantes de esa lengua en la región. De forma paralela, puede afirmarse que el número de estudiantes de español en China ha crecido sin pausa desde fines del siglo pasado, con un fuerte impulso en el último periodo.  Si hace una década había un total de 6 mil alumnos, en 2018 se estima en alrededor de 40.000 los que estudian nuestro idioma. Es más, la expresión más clara de este interés se produjo a principios del presente año, oportunidad en la que las autoridades educativas de la República Popular China promulgaron un decreto que introdujo el español como asignatura en el plan curricular de Bachillerato, junto al japonés, inglés y ruso. No hay que detenerse a reflexionar demasiado para darse cuenta de las implicancias y desafíos que representa esta dinámica circunstancia.

La comunicación es esencial en todo orden de cosas, más aún cuando deseamos reconocernos mutuamente y emprender proyectos conjuntos. Si dicha comunicación puede materializarse bajo un idioma común, sea chino o español, las probabilidades de éxito evidentemente que se multiplican. No hay sector económico en que esto pueda verse más claro que en el turismo, especialmente cuando China se consolida como una de las principales potencias a nivel mundial. Según la Administración Nacional de Turismo de China, 131 millones de turistas del país asiático salieron al exterior en 2017, un 5,7% más que el año anterior. Y recibió cerca de 30 millones procedentes de países extranjeros. Esto significa que mientras las cifras de turismo global aumentan entre el 2,6 y el 3,1% anual, en China suben en torno al 5,9%, es decir, al doble de lo que crece el resto del mundo. En consecuencia, hay que seguir profundizando los esfuerzos en difundir la cultura y el idioma chino, especialmente entre quienes trabajan en el sector turístico, porque el inglés ya no es suficiente. Y no es necesario un manejo avanzado de este idioma, sino que un acercamiento básico que permita hacer patente el interés por dicha cultura, así como el deseo de entregar un servicio de mayor proyección y calidad. Un “Ni Hao”, expresión china que significa “Hola”, siempre abrirá puertas. claro que da verse mpsoibilidades de omunicaciias y desaf